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El ritual del té: una pausa que se aprende

A veces pensamos que basta con querer hacer una pausa. Que con decir “necesito parar” el cuerpo y la mente lo hacen automáticamente. Pero muchas veces nos quedamos ahí, en la idea. Pensando la pausa, sin llegar realmente a vivirla.

Con el tiempo aprendí algo simple: la pausa no aparece sola.
La pausa se construye y el ritual del té es una de las formas más sencillas y cotidianas que encontré para hacerlo.

Hace muchos años elegí el tea moment como un espacio de pausa consciente. No es más que separar cinco o diez minutos —lo que puedas—. Al principio suele aparecer cierta culpa: la sensación de “debería estar haciendo otra cosa”. Con el tiempo, ese momento empieza a sentirse distinto. Se vuelve un pequeño tesoro.

La pausa no tiene nada de místico. Es concreta: alejarte de la pantalla, cambiar el ritmo, bajar el volumen del ruido externo y del interno. Dejar, aunque sea por unos minutos, la multitarea. Enfocarte en una sola cosa. ¡Uf suena fácil, pero ya sabemos que no lo es tanto!

El ritual empieza con acciones mínimas:
– Elegir el té
– Calentar el agua
– Colocar el infusor con las hebras de té en la taza o en la tetera
– Agregar el agua sobre las hebras
– Esperar el tiempo de infusión (según el tipo de té entre 2 a 3 minutos aproximadamente)

No hace falta saber mucho ni tener una ceremonia perfecta. Lo importante es prestar atención, permitirte estar ahí de manera consciente: percibir los aromas, sabores y sonidos del té.

Una de las cosas que más me gusta del té es que no se puede apurar. Si lo haces, el sabor cambia. Y eso, llevado a la vida cotidiana, es un gran recordatorio: no todo mejora cuando vamos más rápido.

Jon Kabat-Zinn, uno de los referentes del mindfulness, define la práctica como “prestar atención de manera intencional, en el momento presente y sin juzgar”. Preparar una taza de té puede ser exactamente eso. No como técnica, sino como experiencia vivida.

Con el tiempo este ritual se vuelve muy tuyo. El cuerpo lo reconoce. El momento de preparar té empieza a marcar un antes y un después en tu día. No porque solucione todo, sino porque ofrece un pequeño espacio de orden en medio del estrés.

Cada quien encuentra su propia forma de ritualizar el té: en silencio, en compañía, a la mañana o al final del día. No hay una manera correcta, sino una que es ideal para ti.

A veces, -una par de palabras potentes que escuché y tomé de Mecedes Korin- no hace falta cambiar grandes cosas.
A veces, preparar una taza de té y estar realmente ahí es suficiente para encontrar calma y recordar que la pausa también se aprende.

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