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Blends con propósito

Cuando diseño un blend, primero pienso en el propósito de esa infusión y de inmediato van fluyendo los ingredientes que acompañan esa intención

Diseñar un blend es para mí un espacio creativo, lúdico y de armonía, pero también de mucha atención plena y esto lo supe luego que comencé mi certificación como instructora de mindfulness donde he podido comprender mejor de qué se trata y las diferencias entre prácticas formales e informales, pero de esto podemos conversar en otro post.

Blendear me lleva a hacerme preguntas, a probar, a experimentar a ajustar y a descubrir una narrativa para contar una historia a través de la infusión que estoy creando.

Es como cuando en mis primeros pasos profesionales cuando ejercí como periodista iba armando un rompecabezas que tratara de explicar de la manera más clara y sencilla de qué se trataba la noticia, con todos los elementos que debía incluir para que quien leyera mi artículo tuviera la posibilidad de comprender y conversar sobre ese tema. Y no siempre el título era el primer paso.

Lo que sí tenía como regla era la priorización del contenido, el hilo conductor, la relación con las imágenes, la coherencia, y un resumen contundente que al final de cuentas ofreciera un equilibrio en el todo. El resultado final siempre fue importante, pero el proceso era lo que le daba el sentido.

Por eso diseñar un blend no es sólo mezclar ingredientes, sino lograr armonía y equilibrio en sabores, aromas, colores, granulometría, y sobre todo en la experiencia sensorial que se genera.

También es un ejercicio que requiere paciencia: probar, iterar, ajustar, cambiar, volver a probar y estabilizar. Y repetir ese proceso hasta encontrar el equilibrio. A veces funciona y otras no. Y entender que no todo lo que imaginamos da el resultado esperado también forma parte del aprendizaje.

Para mí es un espacio de calma y creación. Me divierte, me emociona y me conecta con algo muy simple: saber que esa infusión va a acompañar a alguien más en su propio momento.

Si llevo esta experiencia al terreno de la comunicación, aparece una enseñanza clara: un ingrediente puede ser maravilloso por sí solo, pero si no dialoga con los demás, rompe la armonía. Lo mismo sucede cuando hay demasiadas voces compitiendo por protagonismo: el mensaje se vuelve confuso.

Blendear me enseñó que equilibrar no es que todos los ingredientes tengan la misma presencia e intensidad, sino que cada uno encuentre su lugar: hay notas principales, otras más sutiles y algunas casi imperceptibles, pero que son clave para que todo el conjunto funcione.

Algo muy parecido ocurre en los equipos, en los proyectos y en las conversaciones.

Si alguna vez te dan ganas de experimentar tu propia infusión —o de pensar qué ingredientes están pidiendo equilibrio en un proceso que estás atravesando—, podemos conversarlo alrededor de una taza.

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